jueves, 27 de marzo de 2014

Quevedo 6.5

1 Refiere su nacimiento,2halla en la causa,3a una nariz y 4advierte al tiempo.No son conceptistas y son todos sonetos y romances.son endecasílabos.1Parióme adrede mi madre,
¡ojalá no me pariera!,
aunque estaba cuando me hizo,
de gorja naturaleza.
Dos maravedís de luna
alumbraban a la tierra,
que por ser yo el que nacía,
no quiso que un cuarto fuera.
Nací tarde, porque el sol
tuvo de verme vergüenza,
en una noche templada
entre clara y entre yema.
Un miércoles con un martes
tuvieron grande revuelta,
sobre que ninguno quiso
que en sus términos naciera.
Nací debajo de Libra,
tan inclinado a las pesas,
que todo mi amor le fundo
en las madres vendederas.
Dióme el León su cuartana,
dióme el Escorpión su lengua,
Virgo, el deseo de hallarle,
y el Carnero su paciencia.
Murieron luego mis padres,
Dios en el cielo los tenga,
porque no vuelvan acá,
y a engendrar más hijos vuelvan.
Tal ventura desde entonces
me dejaron los planetas,
que puede servir de tinta,
según ha sido de negra.
Porque es tan feliz mi suerte,
que no hay cosa mala o buena,
que aunque la piense de tajo,
al revés no me suceda.
De estériles soy remedio,
pues con mandarme su hacienda,
les dará el cielo mil hijos,
por quitarme las herencias.
Y para que vean los ciegos
pónganme a mí a la vergüenza;
y para que cieguen todos,
llévenme en coche o litera.
Como a imagen de milagros
me sacan por las aldeas,
si quieren sol, abrigado,
y desnudo, porque llueva.
Cuando alguno me convida
no es a banquetes ni a fiestas,
sino a los misas cantanos
para que yo les ofrezca.
De noche soy parecido
a todos cuantos esperan,
para molerlos a palos,
y así inocente me pegan.
Aguarda hasta que yo pase
si ha de caerse una teja;
aciértanme las pedradas,
las curas sólo me yerran.
Si a alguno pido prestado,
me responde tan a secas,
que en vez de prestarme a mí,
me hace prestar la paciencia.
No hay necio que no me hable,
ni vieja que no me quiera,
ni pobre que no me pida,
ni rico que no me ofenda.
No hay camino que no yerre,
ni juego donde no pierda,
ni amigo que no me engañe,
ni enemigo que no tenga.
Agua me falta en el mar,
y la hallo en las tabernas,
que mis contentos y el vino
son aguados donde quiera.
Dejo de tomar oficio,
porque sé por cosa cierta,
que siendo yo el calcetero
andarán todos en piernas.
Si estudiara medicina,
aunque es socorrida ciencia,
porque no curara yo,
no hubiera persona enferma.
Quise casarme estotro año,
por sosegar mi conciencia,
y dábanme un dote al diablo,
con una mujer muy fea.
Si intentara ser cornudo,
por comer de mi cabeza,
según soy de desgraciado,
diera mi mujer en buena.
Siempre fue mi vecindad
mal casados que vocean,
herradores que madrugan,
herreros que me desvelan.
Si yo camino con fieltro
se abrasa en fuego la tierra,
y en llevando guardasol
está ya de Dios que llueva.
Si hablo a alguna mujer,
y le digo mil ternezas,
o me pide o me despide,
que en mí es una cosa mesma.
En mí lo picado es roto,
ahorro cualquier limpieza,
cualquier bostezo es hambre,
cualquiera color vergüenza.
Fuera un hábito en mi pecho
remiendo sin resistencia,
y peor que besamanos
en mí cualquier encomienda.
Para que no estén en casa
los que nunca salen della,
buscarlos yo sólo basta,
pues con eso estarán fuera.
Si alguno quiere morirse
sin ponzoña o pestilencia,
proponga hacerme algún bien,
y no vivirá hora y media.
Y a tanto vino a llegar
la adversidad de mi estrella,
que me inclinó que adorase
con mi humildad tu soberbia.
Y viendo que mi desgracia
no dio lugar a que fuera
como otros tu pretendiente,
vine a ser tu pretenmuela.
Bien sé que apenas soy algo,
mas tú de puro discreta,
viéndome con tantas faltas,
que estoy preñado sospechas.
Aquesto Fabio cantaba
a los balcones y rejas
de Aminta, que aun de olvidarle
le han dicho que no se acuerda.2Después que te conocí,
todas las cosas me sobran:
el sol para tener día,
abril para tener rosas.
Por mi bien pueden tomar
otro oficio las auroras,
que yo conozco una luz
que sabe amanecer sombras.
Bien puede buscar la noche
quien sus estrellas conozca,
que para mi astrología
ya son oscuras y pocas.
Gaste el Oriente sus minas
con quien avaro las rompa,
que yo enriquezco la vista
con más oro a menos costa.
Bien puede la margarita
guardar sus perlas en conchas,
que buzano de una risa
las pesco yo en una boca.
Contra el tiempo y la fortuna
ya tengo una inhibitoria,
ni ella me puede hacer triste,
ni él puede mudarme un hora,
El oficio le ha vacado
a la muerte tu persona:
basquiñas y más basquiñas,
carne poca y muchas faldas.
Don Melón, que es el retrato
de todos los que se casan:
Dios te la depare buena,
que la vista al gusto engaña.
La Berenjena, mostrando
su calavera morada,
porque no llegó en el tiempo
del socorro de las calvas.
Don Cohombro desvaído,
largo de verde esperanza,
muy puesto en ser gentilhombre,
siendo cargado de espaldas.
Don Pepino, muy picado
de amor de doña Ensalada,
gran compadre de doctores,
pensando en unas tercianas.
Don Durazno, a lo envidioso,
mostrando agradable cara,
descubriendo con el trato
malas y duras entrañas.
Persona de muy buen gusto,
don Limón, de quien espanta
lo sazonado y panzudo,
que no hay discreto con panza.
De blanco, morado y verde,
corta crin y cola larga,
don Rábano, pareciendo
moro de juego de canas.
Todo fanfarrones bríos,
todo picantes bravatas,
llegó el señor don Pimiento,
vestidito de botarga.
Don Nabo, que viento en popa
navega con tal bonanza,
que viene a mandar el mundo
de gorrón de Salamanca.
Mas baste, por si el lector
objeciones desenvaina,
que no hay boda sin malicias,
ni desposados sin tachas.3A UNA NARIZ

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un pez espada muy barbado.

Érase un reloj de sol mal encarado,
érase un alquitara pensativa,
érase un elefante boca aariba,
era Ovidio Nasón mas narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era.

Érase un naricísimo infinito,
muchísima nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás fuera delite.4ADVIERTE AL TIEMPO DE MAYORES HAZAÑAS, 
EN QUE PODRÁ EJERCITAR SUS FUERZAS

Tiempo, que todo lo mudas,
tú, que con las horas breves
lo que nos diste, nos quitas,
lo que llevaste, nos vuelves:
tú, que con los mismos pasos,
que cielos y estrellas mueves,
en la casa de la vida,
pisas umbral de la muerte.
Tú, que de vengar agravios
te precias como valiente,
pues castigas hermosuras,
por satisfacer desdenes:
tú, lastimoso alquimista,
pues del ébano que tuerces,
haciendo plata las hebras,
a sus dueños empobreces:
tú, que con pies desiguales,
pisas del mundo las leyes,
cuya sed bebe los ríos,
y su arena no los siente:
tú, que de monarcas grandes
llevas en los pies las frentes;
tú, que das muerte y das vida
a la vida y a la muerte.
Si quieres que yo idolatre
en tu guadaña insolente,
en tus dolorosas canas,
en tus alas y en tu sierpe:
si quieres que te conozca,
si gustas que te confiese
con devoción temerosa
por tirano omnipotente,
da fin a mis desventuras
pues a presumir se atreven
que a tus días y a tus años
pueden ser inobedientes.
Serán ceniza en tus manos
cuando en ellas las aprietes,
los montes y la soberbia,
que los corona las sienes:
¿y será bien que un cuidado,
tan porfiado cuan fuerte,
se ría de tus hazañas,
y victorioso se quede?
¿Por qué dos ojos avaros
de la riqueza que pierden
han de tener a los míos
sin que el sueño los encuentre?
¿Y por qué mi libertad
aprisionada ha de verse,
donde el ladrón es la cárcel
y su juez el delincuente?
Enmendar la obstinación
de un espíritu inclemente,
entretener los incendios
de un corazón que arde siempre;
descansar unos deseos
que viven eternamente,
hechos martirio del alma,
donde están porque los tiene;
reprender a la memoria,
que con los pasados bienes,
como traidora a mi gusto
a espaldas vueltas me hiere;
castigar mi entendimiento,
que en discursos diferentes,
siendo su patria mi alma,
la quiere abrasar aleve;
éstas si que eran hazañas,
debidas a tus laureles,
y no estar pintando flores,
y madurando las mieses.
Poca herida es deshojar
los árboles por noviembre,
pues con desprecio los vientos
llevarse los troncos suelen.
Descuídate de las rosas,
que en su parto se envejecen;
y la fuerza de tus horas
en obra mayor se muestre.
Tiempo venerable y cano,
pues tu edad no lo consiente,
déjate de niñerías,
y a grandes hechos atiende.

Quevedo 6.4

Teoria poetica de Quevedo


Sacado de el libro de Lengua castellana y leteratura de primero de bachillerato,Autor: F. Lazaro Carreter,Editorial: Anaya
Quevedo es la máxima figura del conceptismo, su poesía es el mejor exponente de las características barrocas: angustias, pesimismo, preocupación por el paso del tiempo, la decadencia y la muerte; junto a esto, en fuerte contraste, burlas y sátira de todo lo que lo rodea. Pero, simultáneamente, cultiva la veta chusca, sarcástica, socarrona y procaz.

Las formas métricas, canciones, décimas y epístolas en tercetos. Manejo con maestría un idioma buscando correspondencias entre objetos, comparando, contratando términos o ideas antitéticas e imponiendo al lenguaje una extremada concisión.

En sus poemas amorosos, dedicados a Lisi. Canta la belleza seductora de la dama, sus desdenes y su propio abatimiento; es el suyo un amor angustiado, celoso, de encontradas reacciones contrarias, y emocionadamente asociado con la preocupación por la muerte.

En la poesía de carácter serio y reflexivo, moral y religioso, se muestra hondamente cristiano. La vida cortesana, e la que se movió con intensa actividad, y le proporciono un conocimiento profundo del ansia de riquezas y poder, de la envidia, la vanidad, la hipocresía, la perdida de valores y la corrupción humana.

Su poesía mas honda lamenta con dolor el rápido paso del tiempo. Se muere desde que nacemos  la vida humana transcurre con rapidez entre la cuna y la sepultura. Sus poemas religiosos se ajustan a la concepción católica ortodoxa. Ante la evidencia de la muerte hay que atravesar resignadamente este valle de lágrimas, con Cristo en nuestro pensamiento.

POESIA SATIRICA Y BURLESCA

Es en la poesía de este carácter donde Quevedo exhibe mayor ingenio, y donde hace los más audaces hallazgos lingüísticos, con retorcimientos, hipérboles, contrastes, equívocos, parodias, ambigüedades, vocablos inventados para la ocasión. Con ellos, se burla de todo o lo somete a sátira implacable: nada se le resiste en sus romances, sonetos, letrillas o jácaras. En ocasiones, esa sátira quiere ser moralizadora, pero otras muchas veces solo tienen un fin lúdico y festivo. Se ríe  de clavos, comudos, médicos, escribanos, letrados, taberneros, sacamuelas, matones, hipócritas, viejas-jóvenes, mujeres casquivanas, fingidas doncellas, mujeres pedigüeñas, suegras…. Critica el poder del dinero, la hipocresía, la ignorancia, el atuendo, los afeites, o ataca a Góngora o Ruiz de Alcorcn. Escribió además piezas teatrales, entre ellas, diez entremeses, y dos comedias.

Quevedo 6.3


  • Obra

  • La obra de Quevedo es extensa y variada. Apoyado en su dominio innato de la lengua y en una curiosidad intelectual sin fronteras, el autor vuelca en prosa y en verso su desolada visión de la vida, alternando tonos, géneros y temas. Además criticó con mordacidad atroz los vicios y debilidades de la humanidad, y zahirió de una manera cruel a sus enemigos.
    • La poesía
    • Recopilación y clasificación
    La obra poética de Quevedo ha sido difícil de recopilar, porque sus poemas habían estado circulando en muchos libros de otros autores o en muchos manuscritos.
    Fue Antonio González de Salas quien, después de la muerte de Quevedo, los poemas de éste en El Parnaso español (1648), libro que incluye los poemas pertenecientes a las seis primeras partes o «Musas», clasificación temática en que, por su contenido, se asignó cada poema a una de las nueve musas de la mitología. Pero la labor filológica de Salas es deficiente: enmienda poemas, termina otros inconclusos y suprime bastantes. Además la mayoría de los títulos de los poemas es suya.
    Se hicieron más ediciones, pero la que más esclarece los problemas textuales, fue la edición de 1563 de José Manuel Blecua.
    Éste profesor, agrupó los poemas de Quevedo según un criterio básicamente temático. La clasificación es la siguiente:

  • Doce poemas metafísicos
  • Heráclito cristiano, conjuntos de veintiocho poemas metafísicos, religiosos y morales, dispuesto por el propio Quevedo.
  • Ciento nueve poemas morales.
  • Cincuenta poemas religiosos.
  • Once poemas líricos, grupo secundario constituido por ejercicios de estilo en los que se aprecian, no obstante, algunas de las constantes de la poesía de Quevedo.
  • Ochenta y un elogios, epitafios y túmulos.
  • Ciento cuarenta y nueve poemas amorosos.
  • Canta sola a Lisi, setenta composiciones amorosas dedicadas a una única dama.
  • Trescientos treinta y siete poemas satíricos.
  • Veintisiete jácaras y bailes.
  • Dos poemas épico-burlescos: Poema heroico de las necedades y locuras de Orlando La toma de Valles Ronces.

    • Temas y motivos
    El corpus poético quevediano llama la atención, por su magnitud y por la variedad de asuntos abordados. Para analizarlo, se subdividen en cuatro grandes núcleos: religioso, moral-metafísico, satírico-burlesco y amoroso.
    Se trata de núcleos muy generales, cuyo ámbito es preciso segmentar atendiendo a sus motivos específicos.
    Por otra parte, los diferentes temas aparecen entrelazados en numerosos poemas.
      • Motivos religiosos

    Quevedo 6.2

    http://timerime.com/es/page/mi_timerime/739/http://timerime.com/es/page/mi_timerime/739/Nació en Madrid en 1580 y murió en el año 1645.Era un buen escritor Español.Sus padres desempeñaban altos cargos en la corte.Estudió en el colegio imperial de los jesuitas, y, posteriormente, en las Universidades de Alcalá de Henares y de Valladolid, ciudad ésta donde adquirió su fama de gran poeta y se hizo famosa su rivalidad con Góngora.
    Siguiendo a la corte, en 1606 se instaló en Madrid, donde continuó los estudios de teología e inició su relación con el duque de Osuna, a quien Francisco de Quevedo dedicó sus traducciones de Anacreonte, autor hasta entonces nunca vertido al español.
    En 1613 Quevedo acompañó al duque a Sicilia como secretario de Estado, y participó como agente secreto en peligrosas intrigas diplomáticas entre las repúblicas italianas. De regreso en España, en 1616 recibió el hábito de caballero de la Orden de Santiago. Acusado, parece que falsamente, de haber participado en la conjuración de Venecia, sufrió una circunstancial caída en desgracia, a la par, y como consecuencia, de la caída del duque de Osuna (1620); detenido, fue condenado a la pena de destierro en su posesión de Torre de Juan Abad (Ciudad Real).En 1628, un nuevo destierro, esta vez en el convento de San Marcos de León.se casó, en 1634, con Esperanza de Mendoza, una viuda que era del agrado de la esposa de Olivares y de quien se separó poco tiempo después. Problemas de corrupción en el entorno del conde-duque provocaron que éste empezara a desconfiar de Quevedo, y en 1639, bajo oscuras acusaciones, fue encarcelado en el convento de San Marcos, donde permaneció, en una minúscula celda, hasta 1643. Cuando salió en libertad, ya con la salud muy quebrantada, se retiró definitivamente a Torre de Juan Abad

    Quevedo 6.1

    Quevedo vivió en el siglo xvll en España.La sociedad era Barroca,y estaba dividida en 2:suntuosidad y el lujo.Era un poeta muy romántico que vivió en la edad de oro .La economía en esa época era buena.